Minicuentos de Pablo Nicoli (de: Arequipa El enigma de la lectura)
ESPECTACULAR
Mi vecino es el mago más famoso de la ciudad. Se trata de un tipo fuera de serie, pues cuando le pica el humor mete a su mujer en una caja de cartón y la corta en dos, minutos después vuelve a juntar las dos trozos y ¡zas!, allí tiene de vuelta a su linda esposa, o la decapita y, al rato, su mujer se pone a tantear por el piso y luego de encontrarla, se coloca otra vez la cabeza. Realmente es alguien espectacular y por supuesto él me dice que, por ética profesional, no puede revelar los secretos de su arte. El otro día estaba leyendo en mi habitación y de pronto escuché que alguien gritaba. Asomé la cabeza por la ventana y observé a mi vecino corriendo detrás del camión de la basura. Unos minutos después le vi venir jadeando y con cara de preocupado. ¿Qué sucede mi amigo? –le grité del segundo piso. ¡De seguro echó algo importante! Me miró con cara de pocos amigos y me respondió soltando una lisura: ¡Mierda…! Boté la caja donde estaba la otra mitad de mi mujer…
EXTINCIÓN
La encontraron, en medio del salón, aplastada bajo un antiguo tomo de gramática española. La Policía fue alertada y cuando llegaron a la escena del crimen sólo hallaron a la Ñ, decapitada, sobre un charco dominó de tinta, por lo que algunos opinaron que realmente se trataba de la N, aunque la mayoría sabía que esto era consecuencia del ensañamiento del homicida. Se reunió a todos los miembros de la gran mansión: la H, la hermana muda, a quien no se le pudo sacar información; la O, la sirvienta gordita, quién dijo que después del golpe escuchó el lento andar de los homicidas camino a la salida posterior. El signo (?) sembró mayores dudas sobre la investigación y sólo se sacó en claro que después del interrogatorio a cada una de las letras del abecedario y a los signos, faltaba uno de los últimos en la lista. ¿Sería éste el asesino? Pasaron días antes de que la policía encontrara el dorado escondite de los criminales; al irrumpir en la gran biblioteca hallaron el signo que faltaba (¡), amarrado a una silla; al quitarle la mordaza afirmó sin vacilar: ¡Fueron los viejitos de la Real Academia…!
MUTATIS MUTANDIS
La respuesta de su doctor había sido lapidaria, un baldazo de agua fría. Le quedaban unos meses de vida. Salió del consultorio y empezó a deambular por las calles, sin mirar por las esquinas, hasta que llegó a la plaza y se sentó en una banca. Frente suyo se elevaba imponente la torre de una iglesia, cuyos techos alojaban esculturas esperpénticas que le recordaron al diablo. Junto a él pasó raudo un transeúnte de barba triangular cuya fisonomía le asemejó al Fausto de Goethe. -Si pudiera vender el alma… -caviló. De pronto se vio transportado en espíritu y supo que aquello no era natural, le habían concedido su deseo. Visitó el Cielo, dónde todo era albo, inmaculado, una misa eterna, con coros celestiales que invitaban al sueño y que le pareció de lo más aburrido. En cambio el infierno era multicolor, un verano perpetuo, con amigos y parientes para no pasarla solo. Vivió muchos años felices, una fiesta cada día, y cuando la muerte lo recogió, aceptó sin arrepentimientos su condena. Por supuesto, no pude enviar su alma al infierno, después de todo, de Dios nadie se burla y el Cielo me pareció el justo y verdadero castigo…
EL ORIGEN
El minotauro miró hacia uno y otro lado, antes de salir del acogedor refugio y tomar la senda directa rumbo a la salida del laberinto. Avanzó con sigilo, de puntillas, pues no quería terminar descabezado como sus otros hermanos, se apegó contra la pared cuando escuchó murmullos provenientes detrás del muro. Finalmente miró la luz intensa al final del laberinto y sintió el deseo de correr hacia la libertad; pero antes de que pudiera cumplir con su propósito, algo enorme y poderoso lo sujetó sin remedio y lo arrancó hacia afuera, el frío y la confusión lo invadieron de súbito… -¡Es un machito! –dijo la partera con las manos ensangrentadas-. Pero ¿qué demonios? ¡Tiene cuernos…! -Gritó la vieja mujer soltando al piso del palacio al recién nacido. Pasífae la madre, lo miró sin extrañarse demasiado. ¡Aún seguía enamorada del toro blanco…!
APÓCRIFO
Una vez contempló transfigurado el rostro de su hacedor, Adán bajó de la montaña con las Tablas de la Ley y azuzó al pueblo. Tiempo después Noé, desnudo, se embriagó con sangre de vid y eligió a uno de sus hijos para ofrecerlo en sacrificio. No muy lejos de esas tierras, Abraham se alistó a trozar la madera más dura para construir el arca que guardaría en la casa de Dios. El mismo Dios de Moisés, que tentado arrancó el fruto del árbol de la vida y se acostó junto a su compañera, modelada de una costilla perfecta… El penúltimo día el Creador descansó; pero viendo que los personajes y sus obras no terminaban de satisfacerlo del todo, dejó pendiente la revisión final del primer tomo. El segundo y nuevo libro no sería tan complejo ni extenso, con una sola mujer como protagonista para salvar a la humanidad.
ABSTRAÍDO
Poe, sentado en medio del salón, abstraído, soltó al gato negro, tuerto, que arañó la ventana, por donde podía verse el cementerio contiguo y el entierro prematuro del que nadie daría cuenta. Un cuervo voló por sobre las cruces carcomidas, se posó en una tumba profanada y empezó a picotear la mortaja raída de Valdemar, nauseabundo. El “escarabajo de oro” salió huyendo del viejo ataúd y se aventuró por sobre piedras polvorientas, cabellos sucios y largos, huesos centenarios, y fue atrapado por dos hombres afortunados, quienes iban camino a beberse un amontillado… Ha tocado la puerta de mi casa un compañero escritor, ¡quién sabe por qué lo invité!, y se ha llevado el amontillado con los amigos, el “escarabajo de oro” aventurero, a Valdemar amortajado, al cuervo profanador de tumbas, al odioso gato negro tras la ventana y a Poe, espantado en medio del salón.
AYER
Ayer, por la tarde, resbalé aparatosamente por las gradientes derruidas del antiguo cementerio; terminé por golpearme con fuerza el cráneo contra una lápida cuya inscripción dice: “No estamos muertos, sólo un poco transparentes…”. A la medianoche, mientras leía, sereno, un viejo libro en la biblioteca junto al salón, me ha parecido ver una silueta que se asomaba, pero ha sido tan rápida la visión que no sé si he visto algo real. Hoy por la mañana he leído un libro titulado “El misterioso mundo de los vivos”. Por supuesto ya no existe fantasma que pueda creer en la existencia de ellos.
BABEL
Los habitantes planearon construir una escalera al cielo y para esto decidieron darse una tregua -pues habían estado en guerra por 600 años-, y unir esfuerzos para conseguir su objetivo y terminar, de una vez por todas, por saber qué grupo religioso tenía la Verdad Divina de su lado. Invirtieron en este esfuerzo cerca de 60 años más y cuando al final la escalera fue lo suficientemente estable como para subir por esta, los dos jóvenes monarcas, descendientes de los primeros habitantes que construyeron los primeros peldaños, se aprestaron a subir hacia el cielo hasta que luego de 6 horas alcanzaron el pináculo. Alzaron las manos y tocaron el techo. Como las dudas persistían, decidieron hacerse de la herramienta adecuada y cortar un trozo circular y suficiente del cielo para pasar por el forado y ver qué había del otro lado. Una vez lo lograron, descubrieron una nueva tierra llamada Babilonia y allí se percataron que sí querían saber la Verdad; obtener respuestas sobre los enigmas de la religión, tendrían que ayudar a aquellos otros hombres de lenguaje confuso a construir su enorme “torre de 666 escalones” que los llevaría al segundo cielo… Miles de años después un poeta inspirado, conocido como Dante, descubriría que el cielo era perfecto en esencia y también en número y que poseía 7 niveles.
BESTIARIO
Mientras leía con avidez aquellas páginas de entidades sobrenaturales, tuve que dejar la lectura por un minuto y acudir a un persistente llamado a la puerta. Cuando volví, me percaté que había dejado el libro con la tapa abierta. Me lancé a cerrarlo de inmediato, pero Valdemar, pútrido, emergió primero. Por un segundo dudé sobre qué hacer y retrocedí unos pasos con la idea de encontrar un objeto contundente. Fue una decisión errada, porque al momento, un segundo personaje envuelto en su mortaja, Berenice, sacó la cabeza desde el libro, luego el cuerpo, y por último depositó sus pálidos pies en el piso del salón. Al verme rodeado, sin puerta posible de salida, no me quedó sino escapar por el único lugar que era viable: me introduje en el libro y una vez del otro lado, me aseguré de cerrar lo mejor que pude la cubierta. Igualmente fue una mala decisión, allí me aguardaba el resto de la espantosa pandilla… ?
LA REUNIÓN PERFECTA
Habíamos logrado congregar en la sala de conferencias a los grandes personajes del pensamiento universal. Allí se encontraban, intercambiando teorías, el doctor Freud y su siempre displicente colega Carl Jung, Newton y Albert Einstein, quienes al parecer no llegaban a un acuerdo ecléctico sobre las fuerzas de la naturaleza; el Che Guevara y Fidel Castro, fumando un cubano y recordando alegres su revolución. También los teníamos más añejos en el tiempo, como Platón y su discípulo Aristóteles, cuya persuasión era en realidad sobresaliente, aunque de vez en vez hiciera uso de algún sofisma enrevesado. Por supuesto no podían faltar a esta tertulia Carlomagno y Napoleón, intercambiando estrategias militares y moviendo sus piezas de ajedrez sobre un gran tablero (por cierto a Hitler el grupo judío no le permitió entrar y a éste le había dado una pataleta en el pasillo). Verne, el prolífico escritor, y Wells, el de “La Máquina del Tiempo”, llenaban el recinto de ideas inéditas que otro personaje aprovechaba para anotar en un registro. Buda, Jesús y Mahoma eran sin embargo el centro de atracción del evento y, ni que decir de Dios, al que no menos de siete pacientes de la clínica mental decían representar…
DEL FUTURO
Disfrutaban conversado con profusión en torno al tiempo y sobre las diversas teorías del posible viaje al futuro; habían discutido sobre ciencia ficción y nada parecía posibilitar la evasión del presente hacia un tiempo venidero, aunque sólo fuera unos minutos, unas horas… Las ideas siguieron aflorando en la mente de uno de los dos amigos y en resumen, el tiempo del que tanto hablaron y contendieron, les jugaba una mala pasada. “Uno” tendría que dejar al “otro” por cuestiones de crisis y trabajo. Se despidieron el aeropuerto con un gran abrazo y prometieron que se escribirían. Pasaron los meses con sus semanas y el “otro” no volvió a saber de “uno”. Era seguro que no habría resuelto plenamente sus problemas financieros y que estaría absorbido en el intento de procurarle un futuro a su familia. Después de larga espera hubo respuesta. “Uno” había escrito y enviado un e-mail. Las palabras eran cortas, pero contundentes: “He logrado nuestro ansiado viaje en el tiempo y hoy que me he percatado de ello te escribo desde el otro lado del mundo, con doce horas de diferencia horaria entre mi mail y el tuyo inmediato. Te escribo por tanto del futuro…”.
EL AHOGADO
El hombre acampa en una playa desierta, está leyendo un libro, de improviso siente un llamado extraño, alguien le hace señas, alguien que se está ahogando en el océano, suelta el libro y se pone en pie, corre y se tira al mar a salvarle vida, cuando llega al lugar no hay nadie en el agua, se pregunta luego, mientras regresa exhausto a la orilla: ¿llegué tarde y aquel que pedía auxilio se ahogó? Lo que no sospecha es que el fantasma repite siempre, a la misma hora, los últimos momentos que tuvo de vida…
DEUS EX MACHINA
Terminada la contienda entre los dos grupos tribales, el hombre de pieles malolientes alzó su arco y disparó la flecha contra la Luna primitiva… El crucero intergaláctico ascendió al espacio, una vez en el punto establecido, el speed/3 fue activado, la nave aceleró como un rayo de luz por los confines del universo y sin poder sortear el peligro por venir a millones de kilómetros, fue tragado por un agujero negro que no figuraba en los mapas estelares. De pronto, todo dentro del vehículo se tornó extraño, lento y giratorio. En un tiempo indefinido el enorme transporte emergió del otro lado y empezó a desacelerar progresivamente, se activó el speed/3 –no funcionó- luego se posó sobre la superficie del planeta. Los instrumentos de navegación y ubicación estaban descontrolados. Dos astronautas de trajes blancos decidieron salir al exterior y ayudados por sus mochilas propulsoras, similares a grandes alas, se aventuraron a indagar en qué lugar de la Tierra se encontraban. Observaron en el horizonte una muchedumbre reunida sobre una montaña de piedras circulares; se agazaparon detrás de la enmarañada maleza y confirmaron sus sospechas. En ese instante, el hombre maloliente lanzó una flecha contra la Luna primitiva…
EL DETECTIVE
- Y la forma de actuar del asesino es enviar un sobre lacrado donde está escrito, en letras escarlata, la forma en la cual eliminará a la víctima siguiente- expresó con énfasis el detective. - ¿Dijo escarlata? –preguntó el hombre del bigote saltarín-. ¿Quiere decirnos que…? - Efectivamente, utiliza sangre humana. - Vaya, al parecer usted lo sabe todo. - No es complicado, además estoy seguro que ustedes dos han recibido ya un sobre de éstos. - Asombroso ¿pero cómo lo descubrió? –replicó la señora de la casa. - En realidad eso es muy fácil de contestar… Yo soy el asesino. Y disparó…
FANTÁSTICO
Se hallaban los tres personajes sentados junto al fuego, en el interior de la vieja mansión de ventanales góticos, cuando de pronto a uno se le ocurrió plantear el tema de discusión de la noche: ¿cuál es la definición de fantástico? El viejo Lord dejó su taza de té en la mesita y se apresuró a contestar: - Lo fantástico es una rajadura en la realidad que permite irrumpir, en nuestro mundo, situaciones ajenas que no respetan el influjo de las leyes naturales, puesto que no se sostienen en ellas. De inmediato el gentleman de largos bigotes se animó a añadir: - Es verdad; pero la condición esencial de lo fantástico es que además es inexplicable; pues si en algún momento halláramos una respuesta a lo sucedido, entonces tornaríamos a la realidad. El tercer personaje que se había erguido y miraba de cerca los leños encendidos de la chimenea, replicó: - Lo fantástico no siempre tiene por condición el miedo, incluso el humor le es permitido-. Entonces dio vuelta, se desprendió la cabeza y la sostuvo en uno de sus brazos y siguió hablando de lo más sereno. El Lord se llevó tremendo susto e hizo caer la mesa con la vajilla de plata y los líquidos calientes, de manera que se quemó la pierna y en ese momento pudo percibirse que bajo la fingido piel humana aparecía otra de aspecto camaleónico. El personaje que quedaba no quiso quedarse atrás, así que se despegó la sombra que tenía pegada desde los pies y la tiró al fuego sin más reparo, el salón se llenó de lamentos estridentes. Por último, el escritor omnisciente pretendió, asimismo, entregar su aporte y pensó que si algo era realmente fantástico, inexplicable era el poder apretar la tecla borrar y mandar al limbo informático todas esas palabras, explicaciones y personajes que segundos antes estaban diligentes en la pantalla, y ahora habían desaparecido por arte de magia, aunque la magia misma fuera una explicación…
JACK
El brillo del cuchillo en la noche de lluvia le anticipó lo peor; la muchacha sintió cómo la sangre la ahogaba al pasarle por la garganta, cayó al piso empedrado del callejón vacío. Mientras la vida la abandonaba pudo ver su vientre abierto y sentir sus tripas expuestas, masticadas por el atroz asesino de capa negra y sombrero alto. No sería la primera en esa terrible serie de crímenes nocturnos. Pasados los días, el asesino eligió la próxima víctima, la esperó una hora para verla libre de clientes, se protegió en la oscuridad, y esperó a que doblara la esquina. La atrapó, pero algo iba mal, la mujer no se resistía, sólo lo miraba con una mueca sonriente que le resultaba extrañamente familiar. - ¡Tú otra vez! ¡Yo te maté! De pronto sintió como una mano huesuda le penetraba el cuerpo y le apretujaba el corazón… Muy de madrugada la policía halló el cadáver del gentleman y nadie pareció advertir la relación de este nuevo crimen con los asesinatos anteriores.
JUNTO A LA CATEDRAL
El monje encapuchado insultaba, maldecía, y azotaba a la muchedumbre. - No es posible -vociferaba- que el mal haya pervertido sus almas... La ignorancia sobre las escrituras es una afrenta a Dios. Echarle la culpa de vuestros pecados al demonio es algo muy conveniente. El demonio no es un ser pintado de rojo, con cuernos, rabo y una mueca maligna. El demonio no existe; la maldad está en el espíritu de los hombres y en sus actos perversos-terminó por decir. Junto a la Catedral gótica todos le creyeron, todos se postraron y se golpearon el pecho, contritos, ante la imagen de un Dios de piedra pegado a la cruz. Cuando el monje se volvió ligeramente de lado pude verle el rostro: su expresión era una mueca...
NUNCA ME CREERÍAN
Nuestro viaje por el tiempo no era el primero. Cien años en el futuro fue parte de nuestra inicial experiencia que terminó convenciendo al equipo de lo frágil de la vida en el planeta y de lo poco que quedaría de éste en días venideros. En esta ocasión nos había tocado arribar al jurásico; al menos allí estaríamos seguros de encontrar ingente vida. Al parecer a ninguno de aquellos genios que construyeron la máquina del tiempo y, en especial, a los “cerebritos” que planearon y organizaron, analizando cada detalle y peligro del viaje, se le ocurrió anticipar lo que pasaría cuando hombres del siglo XXI arribaran al hábitat de los dinosaurios. A pesar de todas las medidas de control médico y esterilización tomadas, algún virus resistente nos hizo compañía a lo largo del trayecto de luz y en poco tiempo –tan sólo unos meses- se multiplicó hasta el infinito en aquellas tierras de gigantes que al final fueron derrotados; extinguidos por el más pequeño de los seres vivos, como ocurrió en la ficción novelesca de Wells; sí, ese que también escribió “La máquina del tiempo”. Ahora, una vez desmantelado el proyecto, he vuelto a dictar clases en la cátedra universitaria. Por momentos trató de explicar a mis discípulos, más aplicados, las diversas teorías académicas sobre la extinción de los dinosaurios y continuamente provoca conflicto conmigo mismo el tener que mentir argumentando una glaciación, o el arribo de un bólido sideral que cayó en el planeta y contribuyó al exterminio; aunque en el fondo sé que si les dijera la verdad nunca me creerían…
LA MISA
No asistió a misa durante cerca de un año; pero esta vez no pude evitar acudir. Se trataba del aniversario de la muerte de un pariente ineludible. La verdad es que no era falta de fe, sino que en las últimas oportunidades, que por razones X, había tenido que ir a un oficio religioso, el sueño casi si me había vencido. Parecía algo así como un reflejo condicionado, la voz pausada y lenta del sacerdote, las mismas palabras del evangelio escuchadas año tras año de toda una vida, sumada a los cantos –bien intencionados- pero definitivamente aburridos de las viejitas de junto, lograban una mezcla somnolienta que por momentos me buscaba, como un puño, para noquearme. En aquella oportunidad nada parecía que me sacara de la rutina, nada hasta que llegó el momento central de la misa, la eucaristía, y de pronto sucedió… Una vez el cura convirtió la vid en la sangre de Cristo y la ostia en el Cuerpo Celestial, ¡zas!… la mesa se vino abajo, rodando un par de gradas con todo lo consagrado, desparramado el Cuerpo de Cristo cuan largo era y sin nadie que se atreviera a levantarlo del piso…
LO INNOMBRABLE
Indagaciones, no confirmadas, daban cuenta de que se arrastraba por los rincones más olvidados de las azoteas, se tendía en las cornisas o irrumpía por la torre de alguna iglesia abandonada. Los mejores avistamientos habían sido experimentados por niños; uno de ellos lo vio aparecer volando en círculos por el cielo, siendo la Luna llena su testigo. No obstante en boca de la gente las descripciones sobre la entidad tomaban formas inverosímiles. Algunos señalaban que era una mutación humana y otros no se atrevían siquiera a nombrarla. Los indicios hallados eran muy variados: paredes carcomidas, farolas convertidas en hierro retorcido, estatuas desprendidas de su base y ventanales arañados. Pero la prueba inobjetable de su hostilidad yacía en las perturbadas mentes de las madres, que no lograban reconocer a sus hijos ultimados. El director de la gaceta demandaba respuestas. -¡Quiero una explicación razonable y un artículo sobre mi escritorio, mañana a primera hora! Como reportero no tuve mejor idea que encender el grabador, subir a la edificación más alta del pueblo y observar desde el frontispicio. No pareció ser mi noche, pues nada excepcional aconteció. Afligido por la incomodidad y desalentado por mi fracaso, me di vuelta para regresar y fue, entonces que colgando del capitel, descubrí sus dientes…
NOSTRADAMUS
Michael de Nostradamus, el mayor profeta de la antigüedad, veía el futuro gracias a un artilugio extraño y cóncavo lleno de agua. Es por esto que cuando decidí viajar a su época, en mi transportador en el tiempo, nunca sospeché cómo lo que parece sobrenatural –la videncia- se convertiría en algo tan burdo y brutal como lo fue en realidad. Una vez llegué a la Francia del siglo XVI y me presenté en la casa del doctor, astrólogo y profeta, para explicarle que mi viaje obedecía a su fama y en especial a sus increíbles profecías, unos servidores suyos me sujetaron fuertemente y me amarraron a una gran plato de bronce, que luego, por orden del astrólogo, llenaron de agua unos centímetros por encima mío, de manera que si alguien depositaba un peso sobre mi cuerpo yo me sumergía y empezaba a ahogarme sin remedio. Fue así que mientras Nostradamus se apresuraba a escribir sus profecías y centurias sobre el pergamino, yo era interrogado, de la peor forma, sobre la historia futura de la humanidad. Después de todo, siempre sospeché que la explicación a lo sobrenatural es más simple de lo que uno cree...
TRADICIONES ANCESTRALES
A sus cinco añitos era la alegría de la casa y sus padres no reparaban en esfuerzos para darle todos sus gustos. Fue por eso que a semanas de la Navidad y habiendo más trabajo en la empresa familiar, los padres decidieron contratar a la mujer que sus vecinos habían recomendado. Es verdad, proviniendo de una tribu amazónica, apenas si entendía el portugués, pero ya aprendería; además ese tipo de gente apegada a sus tradiciones ancestrales era muy honrada; lo único malo era cuando se le pedía hacer una cosa y hacía otra distinta, pero…, mientras cocinara delicioso y vigilara. La mañana de Nochebuena la patrona de la casa dejó todas las tareas de ese día especial por escrito y se marchó con su marido a trabajar. La mujer no sabía leer; pero entendió bien lo que debía hacer. Cuando esa tarde sirvieron el esperado lechoncito navideño, nadie sabía por qué el niño gordito no bajaba a cenar…
PLANETA
3, 2, 1, ignición… El enorme cohete pareció ser parte de una explosión de tonalidad naranja; pero en realidad empezaba a elevarse cada vez más y más alto ante la mirada atónita de millones de seres, cada vez más diminutos, que se abrazaban y festejaban el primer paso hacia la conquista del cosmos. Más allá del universo conocido, dos seres desproporcionados miraban a través de un objeto lenticular extrañamente similar a un microscopio; cambiaban opiniones sobre el destino de aquellos hombres ávidos de exploración: - Al final han conseguido salir de la Tierra. Habrá que hacer algo al respecto. – dijo el más joven y barbado. - Opino que un nuevo diluvio nos resolverá el problema...– respondió el viejo.
EL TRAJE
¡Qué elegancia, que fineza del corte, la perfección de la costura, la calidad suave y aterciopelada del saco negro, la camisa blanca de seda, los bordados en color plata, el sombrero alto e imponente…! Dígame –preguntó el prestamista alemán- ¿quién es su sastre? El SS, dejó sus guantes sobre la mesa, se sentó junto al enorme escritorio labrado de doble frente, cruzó las piernas dejando ver sus botas impecables y respondió a la par que observaba el retrato del Fuhrer sobre una pared. - Un judío del ghetto, naturalmente.
AD LITTERAM
El último hombre sobre la Tierra está sentado a solas en una habitación. Llaman a la puerta… No hay árboles o ramas cerca que movidas por el viento justifiquen el llamado. Tampoco animales o artilugios mecánicos. No es sensato pensar en ángeles, demonios o Dios. Los muertos y fantasmas son pésima idea. Un sueño o la llegada de habitantes de otros mundos son explicaciones muy comunes. Decide ignorar los nuevos golpes en la entrada de la casa y relee lo avanzado hasta esa parte: El último hombre sobre la Tierra está sentado a solas en una habitación. Es reiterativo, borra a solas y prosigue escribiendo su narración.
MARE NOSTRUM
Allí se congregaba Colón, junto a cientos de eruditos que rodeándolo e interrogándole lo hacían girar en círculo al punto de pretender marearlo y echar por tierra sus planes de llegar a oriente navegando por occidente. Nadie -salvo la reina- creía tan vehemente aseveración de que la Tierra no era sino plana y menos de qué los confines marinos no terminaran en enormes cataratas hacia un lugar ignorado del universo. Colón se dijo a sí mismo, y en silencio, que aquella no era su hora de rebatir. Ya habría ocasión de pedir el concurso de tales eruditos para ver quién era capaz de resolver el problema de cómo parar un huevo, de punta, sobre una mesa, algo que el recién nombrado almirante ya tenía resuelto en la mente. Claro que, unos meses más tarde, le fue imposible cumplir con su ilustrativa solución, en especial cuando la Santa María se precipitó, sin remedio, en el interminable abismo de la Mare Nostrum.
¡TENGO MIEDO…!
Estaba en la habitación contigua tratando de conciliar el sueño, cuando la luz del cuarto de mi hijo se encendió de inesperado. Me levanté de la cama y con una linterna en la mano me uní al pequeño de ocho años, quien al verme entrar por la puerta de su habitación, abrió los ojos con desmesura y creyó ver en mí al monstruo que lo atormentaba aquella noche en sus pesadillas. Al momento lo calmé y al reconocer mi voz se lanzó hacía mí para abrazarme. “Papá –me dijo tembloroso- tengo miedo. Algo se mueve debajo de la cama…”. Y no se atrevió a decir más. Yo le di un beso en la frente y le prometí que me encargaría. Alcé las sábanas y alumbré por debajo del mueble; por supuesto allí no había nada, sólo algunos trastes viejos y dos cajas de juguetes ya vacantes. “¿Ves? –le respondí- aquí no hay nada. Sólo se trata de un mal sueño. Vuelve a acostarte que mañana tienes que asistir a clases”. Luego de dos semanas la cuestión volvió a repetirse. “Papá, ¿estás dormido?”, me buscó. Esta vez el supuesto monstruo estaba oculto dentro del closet empotrado. Tuve que sacar una docena de zapatos inservibles y ropas centenarias de los abuelos, que guardábamos allí por no encontrarle otro lugar. Finalmente, el closet se vio desnudo y en su totalidad alumbrado. Aquí no hay nada -afirmé- mientras mi hijo abrazaba fuerte a su oso de peluche y se iba a acostar de nuevo. Una semana antes de Navidad logré hacerme de una variada mercadería para la tienda y entre estás una magnífica colección de películas de misterio y horror clásico que no había vuelto a ver desde la adolescencia. Antes de poner en venta alguna de las cintas me hice de un viejo pero cómodo sillón y me senté al lado del televisor para pasar lo que consideré una tarde inolvidable junto a mis recuerdos. Drácula, Frankenstein y el Hombre Lobo aparecieron en escena y, aunque en blanco y negro, me hicieron evocar el horror indecible que experimenté en la pubertad. Estaba tan absorbido en estos personajes que no me percaté que mi hijo entró calladamente a la habitación y observaba cerca mío –agazapado en una esquina- la vieja película de monstruos. Al momento miré su expresión y recordé las noches de miedo a consecuencia de sus pesadillas. “Metí la pata”, me dije. No me entretuve más y apagué el televisor. Le pregunté si se había asustado mucho. Me respondió con tranquilidad que no, que él ya era grande; y se escabulló por el pasadizo mientras cantaba despreocupado. Pero yo dudé de su seguridad. Pensé que aquella noche volveríamos a repetir la historia del monstruo escondido. Así que me preparé para lo que venía. Decidí acostarme tarde y hacer vigilia hasta que la luz de la habitación de mi hijo se encendiera y se escuchara eso de “¡papá tengo miedo…!”; pero claro el sueño me fue venciendo hasta que pasada la medianoche, efectivamente, oí un ruido, la luz se encendió y el miedo volvió a hacerse dueño de la casa. Salvo que en esta oportunidad, desde la habitación contigua se me escuchó decir con voz trémula: “Hijo ¿estás allí…? Tengo miedo…”.
INCARNATUM
Allí reinaba el fuego, las aguas fétidas y las mareas pintadas con sangre. En medio de aquella abominación se alzaba Lucifer, cansado y sin inspiración. Caviló que si Jehová le pudiera conceder una gracia, sería la de volver al principio, tener una nueva oportunidad para ser Luzbel. ¿Sería posible alcanzar el perdón? Desplegó sus enormes alas y pisó por sobre miles de cabezas sumidas en el fango para elevarse luego al Cielo. Apenas sintió la perfección que emanaba del Espíritu Divino, se arrojó penitente ante Dios y se postró diciendo: ¡Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo…! El Padre abrazó al hijo que muerto estaba, que había resucitado del pecado y lo glorificó. Cuando Luzbel ocupó su lugar en el Paraíso, comprendió que había sólo una forma de “salvar” a la humanidad. Nacería como hombre, predicaría “su verdad” y moriría en la cruz, para resucitar al tercer día…



